¡Ya estamos en el nuevo continente!

El viaje ha ido muy bien, largo pero sin contratiempos.

Salimos el día 6 a las 4:30 de la tarde hacia Madrid, anunciaban temporal de frío y nieve para la noche y madrugada siguiente, y sería verdad, porque la mayor parte del tiempo el termómetro del coche marcaba unos 3 grados, aunque, en ciertas zonas, estuvimos a -0,5º C. El camino estaba bien vigilado, lleno de máquinas quitanieves depositando sal.

Llegamos a Barajas a las 9 de la noche, ¡qué frío!, por suerte, dentro se estaba muy a gusto y pude dejarle uno de los abrigos a Jose, para cargar algo menos durante el resto del viaje.

Cenamos los 4 juntos, en Mc Donald’s, claro… ¡¿qué tendrá ese sitio que atrae tanto a los niños?!, se lo pasaron muy bien, especialmente con el juguetito que traen los menús infantiles, pegándoles pegatinas y haciéndolos funcionar

Rápidamente se hicieron las 10 y media de la noche, casi sin darnos cuenta. Nos fuimos las tres a lavarnos los dientes y a prepararnos para el “gran viaje”.

A las 11 y 20 nos despedimos de papá en los arcos de seguridad, donde, obviamente, tardamos un buen rato, no porque hubiera mucha gente, que por suerte a esas horas el aeropuerto estaba muy tranquilo, sino porque para pasar los escáneres nos tuvimos que quitar los dos abrigos cada una y quedarnos sólo en camiseta, ¡menos mal que no hacía frío!, los relojes, los muñecos (no fue fácil acostar a Minnie en la bandeja y esperar a que pase solita por la máquina) y pasar una a una, para finalmente volver a recogerlo todo, en dos bandejas y maleta de mano y vestirnos las tres otra vez.

A partir de allí ya estábamos casi “en vuelo”, no veían las horas de subir al avión, y, por supuesto, de ver a los abuelos, la tía Ce y todo lo que les espera al otro lado del charco.

Las dos emocionadas seguían los carteles, buscando las letras de las puertas de embarque que nos guiaron hasta el tren, viaje que disfrutaron como si fuera una aventura y les elevó las energías para caminar hasta la terminal donde esperaba nuestro avión. En realidad el avión aún no estaba, o no sabían a qué puerta lo acercarían, porque en las pantallas, a 10 minutos de la hora de embarque, todavía no aparecía ninguna puerta asignada…

Aprovechamos para ir al baño, que luego, entre la espera en la fila de embarque y el tiempo en el avión esperando pista y el tiempo de despegue, no podríamos ir, y a ver quién convence a dos niñas de 3 y 6 años que engañen a sus vegijas hasta que se pueda entrar al servicio…

Al salir del baño ¡ya había puerta!, y, por suerte, nos tocó en una de las más cercanas, por lo que Maite decidió que caminaría ¡qué maravilla!, con la mega maleta de mano, con sus libros, pinturas, carpetas y demás, más los abrigos y muñecos que ya, obviamente venían en mis manos, pues tenía bastante para cargar, considerado que mi cangurita ya pesa lo suyo y abulta ¡casi como yo! (vale, estoy exagerando…)

Y al fin embarcamos, casi en horario, ¡qué bien!. Despegamos sin mayor problema, mascando chicle o bebiendo zumo (el primer año que despegamos sin teta, cada una en su silla y con su propio cinturón) y sacamos los libros y pinturas, todo a las 2 de la madrugada con una energía que parecían las 6 de la tarde…

A las 3 por fin llegó la cena, la cual, tristemente debo decir, fue de las que menos han brillado de todos mis viajes, y obviamente no les gustó, pero picotearon algo ellas y casi tod el resto, ejem… ¡me lo comí yo!.

Una vez cenadas fue la primer excursión al baño, donde apenas lográbamos entrar las tres a la vez, pero donde cada vez que fuimos lo hicimos igual, “a trío”.

A eso de las 4 apagaron las luces, buena excusa para intentar dormir. Maite se agarró a la teti y, en dos minutos ya estaba dormidita. Sofía se durmió casi al mismo tiempo, con su cabeza sobre mi regazo.

No podía verme, pero sí intuirme, y me sentía enorme, feliz, con mis dos hijas a mi lado, abrazando a cada una con cada brazo.

En cuanto estuvieron las dos dormidas, a eso de las 5 de la madrugada, y todo el avión estaba apagado (¡y dormidos también!), tiré una manta al suelo, me tumbé sobre ella y me estiré como pude, ¡qué placer!, poder tumbarte, aunque sea entre hierros de sillas, es un regalo después de 12 horas de viaje sentada y de pie (y más sabiendo que nisiquiera vas por la mitad del viaje, falta el tiempo transcurrido y más…)

Dormir no pude casi dormir, cada tos o cada “mamá” aunque vinieran del fondo del avión, de niños lejanos, me hacían levantarme y ver que ellas estuvieran bien.

Sofía se despertó al poco tiempo y pidió venir a “mi cama”, aunque por supuesto como las dos no cabíamos hicimos cambio, por lo que otra vez, quedé atrapada en un asiento con una cabeza casi en mi regazo. Eso sí, qué diferencia viajar 3 con 3 asientos, ¡3 asientos dan mucho juego! (3 asientos y el suelo de 3 asientos…). Cuando eran más pequeñitas, cuando Maite por ejemplo tenía menos de 2 años, viajábamos 3 en 2 asientos, Maite todo el viaje en mis brazos y Sofía recostada sobre mi brazo, es muy dulce y tierno, es realmente bonito sentir a tus dos cachorros dormidos sobre tu cuerpo, pero, 12 horas así, se hacen eternas, ¡llegaba un punto en que me dolía hasta el pelo!.

El aire del avión es muy seco, con la cuestión de la seguridad aerea nos quitaron la crema de manos que llevaba… por suerte el bálsamo labial pudo viajar porque teníamos los labios resecos.

Cada hora más o menos tenía que ir a por agua y, a cada hora más o menos iba al baño… al menos caminaba y estiraba las piernas, jeje.

Al fin comenzó a amanecer, moría de sueño, pero, ya que no podía dormir, al menos que fuera de día.

A las 12 nos sirvieron el desayuno, otra innovación para mí, esta vez no fue en bandeja, ni con yogur ni zumo natural de naranja, las dos únicas cosas que realmente esperaba, tanto para mí como para ellas… Nos dieron una caja de cartón alargada que contenía un chapata, 2 palmeritas, una mini ensalada de frutas (mini, super mini) y un mini kit kat… Si querías zumo de naranja era de caja de cartón.

Después de desayunar volvimos a pintar, hacer puzzles y leer cuentos, aunque mi cabeza, o mejor dicho mis ojos, ya se revelaban bastante y fijar la vista para leer era toda una odisea.

¡Al fin se nos taparon los oídos!. No, no es que me guste, todo lo contrario, de hecho empezamos a hacer todo lo posible por destaparlos antes de que empezaran a doler, pero es que se taparan ahora, sobrevolando continente sudamericano, era que ¡empezábamos a descender!.

Seguidamente se encendieron las luces de “abrocharse el cinturón de seguirdad”, ¡sí, ya estamos llegando!.

El aterrizaje fue un poco más duro, a Sofía, como de costumbre, se le taparon los oídos y empezó a gritar… Es triste, poco se puede hacer… Sólo podía hablarle normal, contarle que a mi de pequeña también me pasaba, que ya faltaba poco, que tragara saliva, que intentara bostezar…

Mirábamos la ciudad por la ventana y Maite se emocionaba diciendo “¡ya casi estamos mamá!”.

Un leve meneo hacia un lado, hacia otro… Truuuummm .”¡Tocamos tierra!” gritó Sofía. “¡Sí tocamos tierra!” respondió Maite.

“Señoras y señores, por favor, permanezcan sentados hasta que el avión se haya detenido por completo”.

Me olvidaba de comentar otra pequeña innovación, realmente me dejó un poco descolocada…

Minutos antes de aterrizar, luego de darnos el desayuno, nos dicen por los altavoces: “Por motivos de seguridad nos vemos obligados a desinfectar el avión”.

¿Qué es ésto?, ¿desinfectarlo cómo? ¿por qué no te cuentan ésto ANTES de subir?, una vez dentro ¿dónde está la posibilidad de decir que no estás de acuerdo, que prefieres evitártelo?…

En fin, fue lo de menos, pero da qué pensar la forma en que actúan hoy en día “en beneficio de la seguridad”.

Rociaron una especie de spray, que por cierto olía bien, sobre las alfombras. Y listo, parece que con eso llegamos desinfectados. ¿?

Pasamos migraciones sin problemas y fuimos a recoger las maletas. Y allí esperamos, y esperamos, y esperamos…

Salían y salían maletas, pero de las nuestras, ni rastro…

“¡¿Cuándo salen las nuestras mamá!?”.

“Ya saldrán”…

La gente recogía sus maletas y se marchaba. Nosotras seguíamos ahí… Cada vez más cansadas, a estas horas estábamos las tres sentadas sobre el carro.

“¡Ahí vienen chicas!”. Saltaron las dos a mirarlas. “Sí!, ahí vienen!”

Llegaron las tres juntas, tarde pero seguro, ya estábamos “todos”, ahora el tramo final.

Pasamos Aduana sin problemas, gracias a que nos tocó el semáforo verde, o, mejor dicho, a la buena voluntad de la persona que cuidaba la zona, que creo que en cierta forma le dimos pena, o ternura, no sé, una mamá agotada con una cangurita de tres años colgada encima, una niña de 6 años medio dormida y 4 maletas pequeñas pero peleonas sobre un carro que apenas podía mover.

“¡Abu!”

Sí, ahí estaba mi mamá y su marido, “los abuelos”. ¡Qué abrazos se dieron! (yo todavía luchaba con el carro, jeje)

A partir de ahí sólo quedaba el viaje hasta Rosario en coche, paramos un par de veces a hacer pipí y a comprar algo para beber, ¡estábamos muertas de sed!.

Y, al fin, después de 27 horas 45 minutos, llegamos a casa de mi madre.

“¡Ya estamos aquí!”.

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9 comentarios to “¡Ya estamos en el nuevo continente!”

  1. Maria Says:

    Que disfruteis con vuestros familiares y amigos, ahora nos toca por España echaros de menos. Que haremos sin tus entrañables relatos?? Un beso, María

    • solcreciendojuntos Says:

      ¡María!, ¡Me emocionas!.
      Muchas gracias por tu mensaje y tus buenos deseos. A mí me encanta leerte a ti.
      Hoy ya hemos sentido el calorcito del verano, ha sido un día tranquilo, lleno de sol y brisa suave. Te envío un poco de este calorcito, que por lo que me cuentan buena falta hace estos días por allí.
      Un abrazo fuerte y un beso grandote.

  2. lunita Says:

    Hola sol, me alegro mucho que ya estes disfrutando con tu familia y de nuestra linda ciudad. Tenes pensado hacer alguna reunion con la gente que te lee? Si es asi me anoto avisa por favor!!! Saluditos

    • solcreciendojuntos Says:

      ¡Hola Lunita!
      ¡Me encantaría quedar!, de hecho me traje un fular, un mei y una bandolera por si nos encontrábamos mamás de Rosario y queríamos hacer un mini taller/intercambio de experiencias con portabebés y demás.
      Aunque a veces no se note soy un poco tímida y me da “no sé qué” convocar una quedada, no sé si hay mamás interesadas por aquí. Con Luisina Serenelli sí que queremos vernos, ahora está de viaje pero cuando vuelva espero que podamos concretar algo, te avisamos ¿vale?, ¡a mi me encantaría vernos!.
      Un besito.

  3. asociacionojana Says:

    Como me alegro que de que os fuese bien el viaje.
    Ahora a disfrutar de la familia y del calor.
    Besos,
    Rebe.

  4. lunita Says:

    Que feliz me hace tu comentario!!!! Por supuesto que me encantaria asistir al encuentro hace rato que sueño que se realiza algo asi aca en Rosario. Me emocione tanto, ahora voy a saber en que le estoy errando con mi fular y mei tai, mi hijo agradecido. Por favor no me dejen afuera del encuentro. A luisina la leo siempre, me gusta mucho su blog y ni te digo el tuyo me llena de ternura los relatos de tus princesitas. Les voy a contar a mis amigas con chicos les va a encantar la idea. Besos y que buena noticia (se nota que estoy muy contenta?).

    • solcreciendojuntos Says:

      Hola Lunita!
      Me encanta que estés contenta, ¡yo también!, a ver qué día nos viene bien y nos juntamos, llevamos nuestros “trapitos”, los probamos, y hablamos de todo un poco!.
      Si no me equivoco junto a tu mensaje tuviste que poner tu e-mail, así es que lo tendré archivado en algún sitio, en cuanto empecemos a organizar algo te escribo y nos ponemos de acuerdo.
      Un beso grande y hasta prontito.

  5. lunita Says:

    Si mi e-mail creo que te aparece, por lo menos yo lo ingrese. Bueno solo me queda esperar el encuentro, mientras tanto te leo. Besos y nos vemos pronto.


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