Nos vamos a cenar con la tía.

Esas fueron las palabras de mis niñas ayer.

Puede resultar de lo más corriente, pero, años antes, el sólo esperar escuchar una frase así hubiera sido impensable.

Mi “cangurita” mayor fue una bebé con altas necesidades de contacto y, desde muy temprano, tuvo una fuerte angustia de separación. Desde los 4 meses de edad sólo se dejaba sostener por mí, obviamente se dormía sólo en mis brazos o mi pecho y, si se despertaba por la noche y yo necesitaba ir al baño, el padre no podía hacer absolutamente nada por consolarla.

Pasaron los meses, se convirtió en una niña pequeñita de 2 años que seguía exactamente igual por las noches, se despertaba cada hora y media a mamar, cada noche, y, más de una, se desvelaba 2 ó 3 horas y sólo podía estar tranquila si estábamos abrazadas juntas.

De día pasábamos las mañanas y las tardes en la plaza en invierno y en la playa en verano, teníamos un grupo de amigos, niños de su misma edad y padres de edades similares a la mía, un grupito de unos 18 niños con quienes compartíamos la vida casi como en familia.

Poco a poco los niños comenzaban a alejarse de sus padres, trepaban a toboganes y columpios, interactaban entre ellos o con otros adultos.

Sofía no. Ella me llevaba a mí del dedo, a todos los sitios. Si otro adulto intentaba hablarle se escondía entre mis piernas o me pedía brazos y teta y, si la pillaban desprevenida se ponía a llorar desconsolada, lo mismo si se tropezaba y otra persona intentaba ayudarla a levantarse, era tal su disgusto que despertaba todo tipo de comentarios…

No faltó mucho para que todos empezaran a decirme: “tienes que forzarla un poco”, “no se te despegará nunca”, “¡ay!, qué mamitis tiene”, y cosas por el estilo…

Con paciencia respondía una y otra vez que no la forzaría, que no es necesario sino incluso contraproducente, que ya se despegaría cuando le llegara el momento, que no tiene “mamitis” sino que es una niña pequeña y que necesita saber que su figura de apego está de su lado, que no la dejará nunca y que podrá volver a ella siempre que lo necesite.

Creo que nunca me entendieron… Cada vez que se repetía la escena volvían a decirme, una y otra vez, que la forzara, que no se despegaría nunca, etc, etc…

Tuve la suerte de no trabajar y poder cuidar de ella, nunca necesité dejarla con alguien más en contra de su voluntad, y, de momento, no tenía voluntad de quedarse con nadie más. Respetamos a un adulto en sus deseos, ¿por qué no a un niño pequeño?.

Los niños necesitan sentirse seguros para poder explorar, crecer; su punto de partida para salir a explorar, su “búnker”, es su madre (o su figura de apego primario).  Sólo necesitan nuestro cariño, empatía, acompañamiento, guía, respeto, el resto lo harán por iniciativa propia.

Al cumplir los 3 años hizo un cambio radical, por primera vez se durmió con su padre. Pocos días después, estando mi madre de visita en casa, decidió salir a comprar pan junto a su abuela.

Luego llegó el cole, y, la niña que nunca se separaría, lloró el primer día (por lo que obviamente me la llevé y hablamos en casa, nuevamente, del cole y de lo que pasaría al día siguiente). Los primeros 3 días fueron difíciles, pero tenía una profesora estupenda y pronto comenzó a pedir ir con su profe Isabel, incluso por la tarde.

Hoy tiene 6 años, va al colegio encantada, no quiere perderse ni un día, incluso a veces insiste para que algún día la deje también al comedor. Se va a casa de sus aitites (abuelos) y se queda a dormir allí, me llama y me dice: “¿puedo quedarme un día más, mamá?”, y no vuelve en tres o cuatro días feliz de la vida.

Mi niña se hace mayor…

La pequeña tiene 3 años, también está creciendo, madurando…

Tampoco tuvo la necesidad de quedarse con nadie más, siempre hemos dormido juntas, sólo sabe dormir con su “teti” o abrazada a su mamá. A pesar de haber sido más extrovertida que su hermana también ha sido un bebé, con las necesidades de apego de todos los bebés.

Ayer, por primera vez, decidió irse con su hermana y su tía a cenar juntas. Estaba muy emocionada, primero pensaba que yo también iría, y, si me lo hubiera pedido otra vez hubiera ido sin pensarlo, no tenía nada más que hacer. Cuando se dio cuenta de que yo no iría dudó por un momento, me dijo “yo quiero que vayas tú mamién (también)”, a lo que su hermana emocionada dijo: “no, vamos solas, con la tía Ce”.

Hubo un pequeño silencio… Me agarró fuerte de la mano mientras caminábamos por la galería del edificio al encuentro de la tía.

“Si no querés ir solita no tenés porque ir, ¿querés quedarte en casa de los abuelos con mamá?”.

En ese mismo momento vimos a la tía Ce, la querida tía Ce que tan lejos tenemos siempre.

“¡Hola!”, se gritaron enseguida.

“Yo quiero ir mamá”. “Vale corazón, yo estaré aquí esperando, cuando termines o te canses le decís a la tía y se vienen para acá”.

“¡Vale!”

Me dieron un beso las dos, se subieron al coche, y nos saludamos todos sonriendo diciendo adiós con las manos.

Volvieron encantadas, contando todo lo que habían hecho. No me pidió ni el pecho, estaba tranquila y feliz.

Todos los niños crecen, maduran. Ningún niño con un lazo de apego seguro seguirá “bajo la sombra” de su madre, al contrario. Antes de lo que nos demos cuenta se harán independientes. Siempre que recuerdo cómo me pedían que la forzara, o veo cómo intentan forzar a bebés a ir a los brazos de un desconocido diciendo: “se tiene que acostumbrar, tiene que ser más independiente”, me viene a la mente algo que leí una vez:

“Para ser un adulto independiente necesita haber sido un bebé dependiente”.

Cuánta razón. (Por cierto, si sabéis de quién es me gustaría poder citarlo).

¡Y ya no me enrollo más!

Sol

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8 comentarios to “Nos vamos a cenar con la tía.”

  1. Blanca Says:

    Gracias por esta entrada, y por hacerme sentir que lo que me pasa con mi hijo pequeño es normal, y que algún día se “independizará”
    Un saludo

  2. Marivi Román Says:

    Muchas gracias por contar tu experiencia.La crianza con apego a veces agota y es fundamental renovar energía leyendo textos como estos. Gracias

  3. Melina Says:

    Muy lindo artículo! cuanto hinchan con que es mamenga y cómo cuesta que los adultos respeten a los niños. A veces siento temor de perjudicar a mi Fausti pero compartiendo con otras mujeres como vos Sol uno vuelve a confiar en el instinto de protección. Gracias y besos

  4. Sol Says:

    Algo que no comenté porque no venía al caso pero que también está relacionado, es el comentario: “necesitas tiempo para ti sola”.
    Y sí, todos necesitamos tiempo para nosotros mismos, pero, esa necesidad, cuando se es madre, cambia… Y sigue cambiando a medida que los bebés y niños crecen.
    A veces la crianza en exclusiva es agotadora, en especial hoy en día, que vivimos solas, sin familia cerca; todas pasamos por un momento de decir: “¡quiero ir al baño en paz!”, o “me quiero duchar tranquila, sola y a mi rítmo, volver a ponerme crema, depilarme a gusto”…
    Incluso alguna pensará más allá “quiero volver al gimnasio” o algo similar…
    Pero, a la vez, pensar en dejar a nuestro bebé con alguien más…
    No, no podría disfrutar de irme al cine, no si no tengo a mi bebé cerca. Y ésto último es completamente normal.
    Para mí (y cada mujer, cada bebé y cada familia es un mundo) lo ideal sería tener al papá, o a la abuela (si es de confianza) cerca, de modo de poder tener ese “respiro”, ducharte sin hacer malabares, ir al baño sin compañía, etc, al menos alguna vez en el día, pero sabiendo que si el bebé llora, puedes estar con él en segundos.
    El separarse, madre y bebé, crea ansiedad y angustia en ambos.
    Más de una vez me ha dicho alguna amiga: “vamos al cine, una tarde de mujeres solas, dejamos al bebé con papá”, y yo no he podido… No me siento a gusto, aún no, dejando a mi “bebé” tanto tiempo…
    Pero todo llega, así como ellas mismas se van separando, se van sintiendo más seguras para pasar un rato sin mamá, yo voy sintiéndolas más seguras sin mí, y me voy sintiendo cómoda para bajar a comprar el pan sin compañía, tirar la basura un día de lluvia, o, más adelante, ¡volver a ver una película en pantalla grande!.
    Como conté en la entrada, la mayor no se separaba de mí, lloraba incluso si un adulto le hablaba!, y hoy… ¡le encanta irse a casa de sus amigos!, ¡podría pasarse la semana entera en casa de sus abuelos!, y yo, feliz y tranquila, porque así la siento a ella.
    ¡Qué rápido crecen!

  5. Pitufa Says:

    Que razón tienes…
    mi niña se parece mucho a tu hija mayor, aunque parece que ya casi con dos años empieza a querer independizarse.
    Y es cierto lo del tiempo libre, a veces deseo que se la lleve un rato de paseo su padre para poder hacer todo lo que no puedo con ella, o simplemente descansar un rato…y en seguida ya la echo en falta, no puedo estar sin mi niña!
    Es un placer leerte, me apunto tu blog en favoritos.

    Un beso!


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