A la luz de las velas.

Ayer, al volver del club, no había luz…

Ya casi me había olvidado de los apagones, de tener que tener velas o linternas a mano, de ver las calles a oscuras y la gente en las ventanas.

Fue un día de calor, mucho calor, obviamente quienes se quedaron en sus casas encendieron los aires acondicionados. Cada vez que ocurre eso se produce un apagón…

Claro, para mí no es raro…  sí molesto, y más con el calor de ayer y sin poder encender ni un ventilador, pero para ellas era su primer apagón; no entendían nada.

“¿Por qué no llamas a la compañía?”, me preguntó Sofía con sus 6 años. Buena pregunta. Pero seguramente la mitad de Rosario ya lo habría intentado, no es la primera vez (ni será la última…) y nunca consigues respuesta, o, si la hay, tampoco aporta ninguna solución.

No se despegaban de mí ni medio metro y allá íbamos por la casa las tres juntas con una vela, buscando la ropa que nos pondríamos luego de darnos un baño, para después salir a casa de mi abuela a celebrar su cumpleaños.

Se podría decir que fue un baño muy romántico, bajo la luz de la luna y las estrellas que entraba por la ventana y la luz de las velas apoyadas una sobre el lavamanos y otra sobre el suelo, junto al marco de la puerta.

Una vez vestidas y peinadas esperamos a que terminara de ducharse la abuela, las 3 en el patio, mirando el cielo que, cuando no hay ninguna luz en la calle, despliega un mapa de estrellas que embeleza a cualquiera.

Finalmente bajamos por las escaleras donde, algún vecino muy amable, había dejado un rastro de velas dando otra vez al ambiente un “algo” mágico, toda una experiencia para mis canguritas. Qué dependientes somos de la electricidad hoy en día.

Por suerte al llegar a casa de mi abuela, aún cuando estábamos en la vereda (acera) “se hizo la luz” y, previo “fogonazo” se iluminó todo al unísono, las calles, los árboles aún decorados de Navidad y las ventanas de las casas. ¡Qué alegría mostrábamos todos! (alegría y sarcasmo…), era lo único que se comentaba entre la gente de la calle, y no es para menos, algún apagón ha durado más de 2 días…

Ya con luz, entramos al edificio, eso sí, por las dudas, subimos por las escaleras, no vaya a ser que la “aventura romántica a luz de las velas” ¡se repitiera justo con nosotras en el ascensor!.

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