Diagnósticos…

Paul Cutler, médico y profesor de medicina norteamericano, en su libro sobre el dictamen médico señala que: “Ninguno de los campos de la medicina es más importante que el diagnóstico, pues sin él somos charlatanes y brujos tratando a los pacientes en la obscuridad con pócimas y rezos. Por otra parte, existen pocos campos más difíciles de explicar y enseñar”.

Como comenté en una entrada anterior , la cangurita menor un día amaneció con “granitos” en la cara… Después de 2 diagnósticos completamente diferentes hemos tenido que enterarnos que el papá está con varicela para saber qué es lo que de verdad tiene ella… Enfermedad que ninguno de los 3 pediatras que la vió sospechó siquiera que pudiera tener…

El instinto materno creo que a veces es incluso capaz de diagnosticar con más certeza lo que está padeciendo un niño, tal vez ayude que en la Universidad estudié, entre otros, microbiología… pero, en casa, desde el primer granito, sospechamos que podría ser varicela, tanto que me recuerdo diciendo antes de salir hacia el pediatra: “esto es una varicela de libro, pero sin fiebre”.

¿Dónde, cómo y cuándo podría haberla cogido? ni idea, porque llevaba más de 30 días sin ir al colegio y no recordábamos haber estado con ningún amigo, ni niños, enfermos o que pudieran haber estado incubándola… ¿Podría haber sido en el avión?… Podría haber sido en cualquier sitio.

Al segundo día de la erupción habíamos dado con el diagnóstico, o eso parecía… Según el pediatra “un ojo inexperto lo confundiría con varicela pero no, es un prúrigo agudo”, una especie de reacción alérgica… Con dicho diagnóstico la niña podía hacer vida normal, incluso ir al sol y meterse en la piscina…

No sé por qué ese mismo día no me sentí cómoda con exponerla al sol, y menos aún llevarla al club y a la piscina, así es que como ya era tardecito decidimos dar un paseo en coche (auto) y volver a casa.

Al día siguiente tampoco quise exponerla al sol, no sé, seré una madre un poco “obsesiva” pero no se sabía bien porqué era la alergia (probablemente picadura de insecto pero ¿y si fue por exceso de sol, por el cloro de la piscina?…) así es que Sofía se fue primero con el abuelo, nosotras dormimos siesta y salimos a la tardecita a su encuentro cuando ya casi había bajado el sol.

Como no era una enfermedad contagiosa mi madre llamó a la sobrina del marido, quien acababa de ser mamá hacía casi una semana y que por dar intimidad no quisimos visitar los primeros días; luego, justo cuándo pensamos ir, aparecieron los granitos y les avisamos que no iríamos hasta saber de qué se trataba la erupción, como ya sabíamos que era un prúrigo si les parecía bien iríamos ese día. Y así fue, allí nos fuimos…

Pasamos unos 45 minutos con ellos, por suerte las niñas no cogieron al bebé (¡aunque ganas no les faltaban!) y, como a mí no me parece prudente dar besos a los bebés recién nacidos les hago tratarlos de ese modo, por lo que sólo le tocaron los piecitos, aunque también, en algún momento, las manos.

Ese día Maite estaba mucho mejor, no de ánimo, que siempre estuvo fenomenal, sino de la erupción, no parecía tener muchos granitos más (aunque sí alguno) y ya casi no se rascaba por lo que decidimos ir a la piscina.

Por las dudas la llené (más que de costumbre) de protección solar y la dejé meterse sólo un ratito en el agua, aún así, estuvo algo al sol y en la piscina…

Más tarde sonó el móvil (celular), al atender no se oía quién llamaba… Insistieron unas 3 veces, ¡qué insistente!.

Al fin: “Hola cariño, ¿qué tal está Maite?”, preguntó mi marido desde España.

“Bien”, respondí (bastante extrañada, habíamos hablado el día anterior y ya le había contado que ya estaba en tratamiento y que ella estaba como si nada, feliz como de costumbre)

“Ah, bien, porque yo estoy con varicela” Agregó.

¡Jolín!, lo sabía, lo supe desde el principio, 3 pediatras y ninguno fue capaz de ver que la erupción de Maite era una varicela…

Volvimos pronto a casa e inmediatamente llamamos a la casa del bebé recién nacido para ponerlos al corriente, estaba muy preocupada, si la mamá no había pasado la varicela puede ser una enfremedad muy grave, incluso mortal…

La madre al oir la palabra “varicela” enseguida se alarmó, ¡y cómo para no!, recién parida, con las hormonas como las tenemos al dar a luz y recibir una noticia así, sólo puedes pensar en lo terrible que podría resultar, ¡que tu bebé corre peligro!, no puedo ni imaginarme el terror que sintió…

Como su marido trabaja en el mismo sitio donde trabaja el último pediatra que nos atendió (por cierto, un pediatra mayor, majo y bien dispuesto a pesar de su equivocación…) y estaba trabajando en ese momento, mi madre enseguida lo llamó (al papá del bebé) para ver si el pediatra estaba en la clínica y podía hablar con él para contarle lo que acabábamos de saber sobre mi marido y si eso cambiaba el diagnóstico… (sería demasiada casualidad que justo Maite tuviera una erupción similar a la varicela cuando a su padre le acaba de salir una y le han diagnosticado varicela)…

Respondió que se ocupaba.

A los 5 minutos más o menos nos llamó y nos dijo: “vengan para acá así la ve el pediatra” (o algo así, yo no hablé)

Salimos corriendo para allá, a las 9 y media de la noche, sin haber podido ducharnos ni cenar y con la peque agotada.

Al llegar Maite estaba dormidita en la teta, como no había sitio para aparcar bajé yo sola, con ella en brazos y aún prendida al pecho. Crucé la avenida corriendo y allí estaba el papá del bebé y… ¡¿otro pediatra?!.

A partir de entonces todo fue  subrealista…

El papá dentro de su estado de ansiedad y nerviosismo intentó más o menos transmitirme que estuviera tranquila. El pediatra ni me saludó…

Apoyé a mi princesita en la camilla, medio dormida y pidiendo su teta.

“Quítale la ropa” dijo el pediatra. Así lo hice.

Comenzó a mirarle cada una de las lesiones con una lupa.

“Dale la vuelta” Dijo.

Maite ya estaba despierta, como una campeona se ubicó en situación, no lloró y se dejó observar sin decir nada, tiene 3 años y entiende perfectamente si alguien le pide a ella que se de la vuelta… Él ni siquiera la saludó, mucho menos se le presentó ni le explicó que la iba a mirar…

“Tiene toda la pinta de una varicela” Le dijo al papá del bebé. (Vaya descubrimiento, ya hay otro foco y tiene las lesiones de una varicela, creo que es bastante obvio).

“Es varicela, ¿verdad?”, dije… “Y hoy pasó el día en la pileta…” Agregué…

“¿A qué pileta (piscina) fuiste?, lo pregunto para saber quienes serán mis próximos pacientes” Respondió con sarcarmo, haciéndome sentir culpable ya no sólo de haber podido contagiar a ese bebé recién nacido, sino también a otros niños, y adultos…, del club.

“Pero hay un monomorfismo (las lesiones son todas iguales, en la varicela no, se ven lesiones en distintos estadios de evolución), parece una varicela atípica, de las que dan complicaciones”, siguió diciéndole al padre del bebé, a mí no se dirigía, parecía que yo no estaba allí…). “Habría que haberle dado aciclovir…” Agregó.

Yo no creía lo que oía.

“¿Y se le puede dar ahora?” preguntó el padre del bebé.

“Esto empezó el…” y se puso a sacar cuentas… “No, habría que haberlo dado el martes, ya es tarde”.

“Entonces para ti es varicela, ¿verdad?” Preguntó el padre del bebé.

“Sí…” “Que la traiga mañana a ver cómo ha evolucionado y lo confirmamos” Le dijo el pediatra… “y entonces a ver qué hacemos con el bebé”, agregó mientras se alejaban para hablar más tranquilos.

¡¡Eooo!!, ¡estoy aquí!.

Creo que nunca me miró a la cara…

Soy la madre de la niña a la que la han mal diagnosticado 2 veces, que por culpa de ese mal diagnóstico por parte de un pediatra “experimentado” ha expeusto a su hija al sol y la piscina, a la que acaban de cambiar de diagnóstico por tercera vez en 5 días resultando ser una varicela atípica “de las que suelen dar complicaciones”, estoy asustada y preocupada, siento que he hecho todo lo contrario de lo que necesitaba mi hija aún en contra de lo que quería hacer (me sentía obsesiva y sobreprotectora por querer esperar unos días antes de volver a la piscina…) y me estoy sintiendo completamente culpable de haber contagiado a ese bebé y a los niños del club, añadiendo que me estoy siendo totalmente ignorada, incluso acusada de madre irresponsable que lleva a su hija a la piscina sabiendo que tiene una varicela con lo que ello puede provocar a su propia hija y a los hijos de los demás.

Casi no podía contener mi llanto… ¿Está ocurriendo de verdad?.

“¿Qué le va a pasar a mi hija?”. “Tres pediatras la vieron, ¿cómo es que ninguno fue capaz de pensar siquiera en una varicela?”.

“Los pediatras a veces no piensan, y a tu hija no le va a pasar nada” Dijo, aún sin mirarme a la cara y dándose la vuelta hacia el escritorio a recoger su maletín…

Hablándole al padre del bebé dijo: “Ahora habrá que esperar hasta mañana, que la traiga tipo 10 y media, la vemos y…(con una cara de circunstancia espectacular:) … a ver qué hacer con un lactante de… 7 días… que ha estado expuesto a la varicela”. “Consultaremos al infectólogo”.

Yo entiendo, me pongo en el lugar del padre y es aterrador, él está muy asustado, el pediatra es amigo suyo, le está haciendo un favor a él, pero, aún así, mi hija y yo somos dos seres humanos… ¿Qué pasa?.

¿Somos terroristas queriendo infectar de una enfermedad mortal a toda la ciudad, o por el contrario somos unas víctimas más de un diagnóstico equivocado?. ¿O es porque le está haciendo un favor?, ¿porque nosotras no estamos pagando esa consulta?. Vergonzoso… Dílo con todas las letras y te pago la consulta, pero por más favor que sea, eso así no se hace, no se trata con indiferencia a una nena de 3 años enferma y a su madre preocupada, eso no es ser buen pediatra…

Todo lo que he contado está más que resumido, hubo “cuchicheo”  como si yo no tuviera derecho a saber qué hablaban sobre la enfermedad de mi hija.

En todo momento sentí que trataron a mi hija, una niña encantadora y colaboradora de 3 años, como un trozo de carne contaminado al que había que descubrir qué infección estaba portando para poder tratar a un bebé que tal vez se pudiera haber infectado.

Llegué al coche de mi madre y, al verla, me largué a llorar…

No pude cenar.

Pasé la noche leyendo lo que ya sabía de la facultad, lo que debería haber sabido el pediatra y a quién no me animé a comentar porque ÉL es el pediatra, él tiene que saber qué pasa con un bebé recién nacido que ha estado expuesto a la varicela y no dejar en ese suspenso aterrador a los padres de ese bebé.

Él debió dar contención a esos padres, explicar las posibilidades. Ella ya ha pasado la varicela, él ni siquiera nombró que eso estuviera relacionado con un mejor o peor pronóstico, sólo se limitó a decir: ” Mañana confirmamos que lo de esta nena es varicela y vemos qué hacer con el bebé. Consultaremos con el infectólogo”. ¿Cómo iban a poder dormir esos papá?.

¿Nunca han tenido un caso así?, ¿nunca atendió a un niño de unos 3 – 4 años con varicela que acababa de tener un hermanito?…

En mi opinión, y espero equivocarme, sólo dijo lo de esperar hasta el día siguiente para leer sobre el tema… ¿Qué más quería saber?… ¿o es que él tampoco sabía diagnosticar esta varicela?, entonces tan malos no serían los dos pediatras anteriores que “no piensan” según sus propias palabras…

Al llegar a casa el abuelo de las niñas (yo ya no tenía fuerzas…) llamó al pediatra que la diagnosticó de Prúrigo, él no entendía porqué no lo habíamos llamado directamente a él (ni nosotros… creímos que el padre del bebé haría eso, yo fui esa noche a encontrarme con ese pediatra… Como profesional de la salud (y como persona) considero lo que hizo como una falta de ética…) y se ofreció a verla al día siguiente, una media hora antes de que la volviera a ver el otro.

El día siguiente fue subrealista también, porque a estas alturas se habían peleado dos familias (los abuelos) y ésto era ya una especie de ataque/defensa absurdo donde se estaba olvidando lo principal: la salud de mi hija y la del bebé…

La visita con el pediatra que la había diagnosticado fue “normal”, al menos atiende con amabilidad, habla con la niña y explica todo lo que ve (cómo lo ve…) qué es lo que puede pasar, tiempo de contagio, etc, etc… Habla, pregunta, responde, mira a los ojos. Se comporta como un pediatra.

Ahora sí la entendió como una varicela…  incluso una normal, leve… Eso sí, me dijo que tuviera cuidado y la observara mucho, que la varicela disminuye las defensas y puede complicarse (¡ahora me lo dice! ¡después de hacer casi vida normal cuando más “en el pico” estaba!…) Que no me preocupara tanto del recién nacido que muchas veces son los que mejor la pasan.

¿?…

Salimos de la consulta, yo preocupada por una posible complicación… Preocupada por la salud del bebé…

Luego nos esperaba la consulta con el otro pediatra y el padre del bebé, sólo por… no sé muy bien porqué, pero el padre me lo había pedido y ahí estaba yo con mi pobre niña, a quien no había podido dar de cenar anoche hasta la hora de dormir, se había acostado tarde por ir a ver a ese pediatra y a quien acababa de levantar temprano, sin haber podido desayunar,  para que volvieran a verla, aún a sabiendas que, la familia misma, ya tenía el diagnóstico certero…

Mientras esperábamos al pediatra hablamos un poco el padre del bebé y yo (Maite no dejaba de mamar…) le comenté que la actitud de “su” pediatra no me pareció la más adecuada.

Él trató de justificarlo más de una vez. Yo no necesito justificación, entiendo su situación como papá preocupado y que por eso se agarró del primer pediatra que encontró…, y reconozco la buena voluntad que ha puesto sin culpabilizarnos del todo, también entiendo que el pediatra estuviera incómodo con el pedido de él y que fuera un favor, pero no comparto su falta de humanidad hacia una nena de 3 años (la única enferma hasta el momento y a la cual todavía no habían dado un diagnóstico apropiado) y su madre, madre que se preocupa de la salud de su hija.

Salió un momento y volvió, esta vez ya con el pediatra.

Algo le habrá comentado, porque su trato hacia nosotras esta segunda vez fue bastante diferente… Se nota que cuando una persona quiere, puede hacer las cosas bien.

Luego de verla (la 5ta vez en 5 días…) nos mandaron retirarnos y allí se quedaron hablando el padre del bebé, el pediatra y el infectólogo.

Gracias a Dios parece que es difícil que se haya contagiado, de ser así parece que tampoco habría peligro ya que la madre tiene un nivel de anticuerpos seguro para proteger a su bebé.

Sólo espero que a ese bebé, el pequeño Felipe que me enamoró desde que tuve el placer de conocer, no le pase nada.

Ahora falta ver qué tal termina de luchar mi princesita contra su enfermedad y esperar a ver si su hermana se ha contagiado o no… En ese caso, suelen tenerla más fuerte…

Espero que nadie se encuentre en una situación semejante, con un mal diagnóstico que encima involucra a otra familia, sobre que lo pasas mal por tu propio hijo, sufres por la culpa irremediable que se siente por haber podido infectar a otro niño, con la angustia que genera no poder hacer nada para volver atrás, para cambiar lo sucedido.

También espero que los pediatras (los que son así, que no lo son todos, hay pediatras que son maravillosas personas y magníficos profesionales) se sientan menos omnipotentes y tengan más cuidado al dar un diagnóstico como el único posible sin lugar a plantear dudas, y que recuerden el por qué estudiaron lo que estudiaron y traten a cada niño y su madre/padre con el respeto y la contención que necesitan en un momento vulnerable como lo es un déficit en la salud de sus hijos.

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6 comentarios to “Diagnósticos…”

  1. lunita Says:

    Hola Sol. No sabes como te entiendo mi vida esta llena de malos diagnosticos y varias consultas en cada caso. Y… sí te da una impotencia y una angustia. Sobre todo cuando te topas con esos doctores que porque tienen un titulo creen tener la verdad absoluta y ni siquiera investigan un poquito para saber realmente el caso. Y cuando hay chicos en medio y no se los tiene en cuenta eso duele mas. Por suerte Maite tiene una mamá que se ocupa y que la ama mucho, y esa es una medicina primordial para una curacion exitosa. Espero que se recupere pronto y solo sea un caso leve,y que Sofi y Felipe esten bien. Besos.

    • solcreciendojuntos Says:

      ¡Hola Lunita!
      Siento que también hayas pasado por malos diagnósticos… Confunde y preocupa, llega un punto que no sabes si confiar o no… Y como vos decís, cuando está en juego la salud de los niños… asusta y duele más.
      Equivocarse es humano y yo considero que el pediatra que la diagnosticó de prurigo hizo una buena historia clínica, nos atendió de forma atenta, supo entrarle con carisma a la niña y a nosotras mismas y explicó como se debe el porqué de su diagnóstico y los pasos a seguir en su tratamiento, nos habló y comunicó todo en todo momento. También nos dio su teléfono particular y se mostró abierto a re-consultarlo si nos sentíamos en necesidad de hacerlo.
      Se equivocó… errar es humano… Pero al menos creo que se equivocó porque le faltaban “pruebas” o no vio lo que tenía que ver…, pero no porque no intentara enterarse, empezó desde el principio, con una historia clínica bastante completa, dedicando tiempo a su pacientita.
      Lo malo es cuando un diagnóstico equivocado puede poner en peligro la salud, del propio enfermo o de un tercero… Nadie dijo que la medicina, y tal vez más aún la pediatría, sería sencilla…
      La actitud del otro pediatra no me parece correcta. El papá del bebé me decía: “para mí es el mejor pediatra”. ¿Qué querés que te diga? para mí no, será tal vez buen diagnosticador (y ni eso me parece…) pero pediatra, con lo que conlleva, no.
      Nunca preguntó sobre sus enfermedades previas, alergias, etc (es importante en el diagnóstico diferencial entre una erupción alérgica y una infecciosa), es más, nos ignoró por completo, la niña era un objeto inerte para él, sólo se limitó a mirar las lesiones (que tampoco reconoció del todo…) y hablar con una persona (el padre del bebé) que no conoce a la niña ni sabe cómo se han ido dando sus lesiones; supongo que actuó así por cómo se dieron las cosas, y ya a esas alturas era más que obvio lo que era… Pero el trato inhumano, con indiferencia, secretismo y sarcasmo, no lo veo justificado bajo ningún concepto…
      En fin, para nosotras ya pasó, lo que me gustaría es que los “conflictos externos” (realmente no puedo entender aún su actitud, sólo se me ocurre un “algo” externo) no se mezclen con su buen hacer pediátrico, que un pediatra no olvide que tiene enfrente a un niño, de verdad, “de carne y hueso” y con sentimientos…
      Muchas gracias por tu mensaje y tus buenos deseos, espero que encuentres un pediatra con todas las letras.
      Un beso grande.

  2. Val Says:

    Espero que tu pequeña esté mejor y que el bebé y la mayor no se hayan contagiado. Yo la pasé con 14 años y la verdad, para mí no fué tan grave, ni para mi hermana y sus amigas (de 18 años) a las que contagié.
    En cuanto a la situación en general y al pediatra estirado en particular… vaya tela! Siento que este episodio os haya enturbiado los dias tan especiales que estais padando.
    Un beso

    • solcreciendojuntos Says:

      Val, eres un sol.
      Yo también la pasé, con 6 años, y lo único molesto que recuerdo es que me picaba y no podía rascarme! pero tampoco tuve fiebre y me lo pasé jugando con una amiguita que los padres la traían porque querían que se contagiara y nunca se contagió! ;P ( o la pasó asintomática, no sé…).
      Con respecto a la situación en general… en fin, por suerte ya pasó, la mamá me llamó ayer más tranquila y la abuela ha cambiado la actitud también, incluso se ha disculpado por la actuación del padre del bebé; para mí no era necesario, estaban nerviosos y actuaron como pudieron, el estado de miedo y nerviosismo no deja actuar con claridad por eso yo intenté estar con ellos aún a costa de sentirnos como nos sentimos, de tener a las niñas cansadas y nerviosas también y de saber ya lo que tenía.
      La actitud del pediatra… indiferente con nosotras y alarmista con ellos… Para mí eso no es ser un buen pediatra…
      Un beso grandote y muchas gracias por tu mensaje.

  3. Luisina Says:

    Hola Sol! Te aviso por este medio que Guille tiene…varicela…parece que la trajo de Uruguay, es exactamente como la de Maite, de hecho el pediatra de Guille es el pediatra que te atendió a vos (el buena onda, jeje), lo sé porque le comenté lo que te había pasado a vos y me dice “yo vi a una nena que vino de España, primero le dije que no era y después la vi de nuevo y si”. Bueno, eso…que tengo que controlarla porque es una “varicela de verano”. Ayer le salió la erupción 😦
    En realidad lo confirma el viernes, pero parece varicela….y me dijo eso de que tiene un “monomorfismo” y no las ronchas clásicas de la varicela. Por suerte David y yo ya la tuvimos…y por suerte ya la tiene y listo, yo me había resistido a ponerle la vacuna porque la tuve de adolescente (a mi me pusieron la vacuna) y la pasé muy mal.
    Bueno, eso…
    Besos!!

    • solcreciendojuntos Says:

      ¡Luisi!, ¡no lo puedo creer!, ¡qué casualidad!.
      ¿Y realmente será varicela?, ¡a ver si lo de Guille sí es una erupción alérgica!.
      ¿Qué tal está ella?, voy a buscar tu correo a si te escribo y me pasas tu teléfono.
      Maite ya está fenomenal, tiene todavía alguna costrita pero ya está en remisión completamente, al final parece que la pasó como si nada, espero que si lo de Guille realmente es varicela también la pase así de suave.
      Un besote para vos y otro muy especial para Guille.


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