La igualdad mal entendida

Dice la ministra Fernández de la Vega que reincorporarse al trabajo después de seis semanas de baja maternal (a propósito de la decisión de la ministra de Defensa) es “un modelo a seguir”. Y yo me pregunto: ¿desde qué punto de vista? Psicológicamente, y, más aún, en los primeros tiempos, el vínculo madre-bebé no es igual que el vínculo padre-bebé. Para nada. Aunque sea políticamente incorrectísimo. Lo siento. Leer el resto de esta entrada »

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Ventajas de llevar a tu bebé

En tus brazos tu bebé se siente seguro.
Siente el latido
de tu corazón,
tu respiración, tu voz, tu olor.
Llevarlo junto a ti
os hará felices a ambos.

Tu bebé parece requerirte todo el tiempo;
resulta difícil hacer otra cosa que no sea estar por él/ella.
Quieres que esté tan feliz como te sea posible, aunque a veces esto resulta realmente agotador y frustrante.
Te resulta difícil hacer tu vida si continuamente te pide brazos.

Utilizar un portabebés es bueno para ti porque puedes…

– Cocinar y consolar a tu bebé al mismo tiempo, hacer la limpieza, relacionarte, e incluso bailar mientras le proporcionas un entorno estimulante para el aprendizaje
– Darle de mamar sin manos mientras hablas por teléfono o haces la compra
– Tener a tu bebé contento cerca de ti mientras juegas con el/la herman@ mayor
– Caminar mientras tu bebé duerme
– No tener que moverte con un pesado carro y sortear los obstáculos de la calle, bordillos altos, escaleras, accesos a autobuses o metros, terrenos difíciles (playa, campo…)

Utilizar un portabebés también es bueno para tu bebé porque:

– Llora menos. Estudios realizados han demostrado que los bebés que son portados lloran un 43% menos, en general, y un 54% menos durante las horas de la tarde/noche. En aquellas culturas en las que los bebés son cargados casi continuamente, los bebés lloran mucho menos que en aquellas en las que no son portados.
– Es bueno para el desarrollo cerebral del bebé. Cuando son portados los bebés pasan más tiempo tranquilos, pero en estado de alerta, que es el estado ideal para el aprendizaje. Sus sentidos son estimulados, ya que de esta manera ve el mundo desde el mismo ángulo que un adulto, en lugar de contemplar las rodillas de las personas de su alrededor y perderse las conversaciones.
Esta estimulación extra beneficia su desarrollo cerebral.
-Es bueno para el desarrollo emocional del bebé. Las criaturas que son portadas desarrollan rápidamente una sensación de seguridad y confianza. Sienten un vínculo más seguro con sus portadores/cuidadores y con frecuencia se muestran independientes a edades más tempranas.
-Es bueno para su desarrollo físico. Al estar tan cerca del ritmo vital de su portador, los recién nacidos, cuyo ritmo respiratorio todavía no es suficientemente maduro, aprenden un patrón de respiración adecuado mucho antes. El latido de tu corazón, tu respiración, tu voz y calor le son familiares y le aportan bienestar. Todo esto beneficia a los recién nacidos (sobre todo a los prematuros) para adaptarse a la vida fuera del útero materno.
-Es beneficioso para los bebés de mamás deprimidas. Los bebés que no son cargados necesitan más interacción verbal y contacto visual para asegurarse de que estás ahí. Llevar a tu bebé es una buena manera de conectar con él/ella (y proporcionarle estimulación) sin esfuerzo. El bebé siempre está ahí para acariciarle, besarle o hablarle.
-Es bueno para las personas que cuidan del bebé. Para los progenitores que pasan largas jornadas fuera de casa, familiares o canguros ésta es una buena manera de conectar y cuidar el
bebé mientras lo cargan.

Extraído de: http://www.thebabywearer.com/

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Taller de Portabebés

El día 23 de mayo realizamos un taller de portabebés en la Residencia, Castro Urdiales, Cantabria.

La iniciativa fue muy bien recibida, acudieron 4 futuras madres, 13 madres con sus bebés de entre 0 a 19 meses, 2 padres, 2 futuros padres, y 1 niña de casi 5 años.
Comenzamos haciendo una pequeña ronda de presentaciones para luego dar paso a una breve charla sobre la importancia de la Fase en Brazos, los beneficios para la madre y el bebé y las ventajas y desventajas de las mochilas y portabebés más utilizados.

 

Para terminar nos organizamos en grupos de unas 4 ó 5 personas cada uno, y realizamos una demostración práctica de los portabebés tradicionales más utilizados, brindando la oportunidad de probar los portabebés presentes, exponer dudas y practicar las diferentes posturas.
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Personalmente me ha resultado una experiencia muy bonita y enriquecedora, en mi grupo había dos madres con sus bebés de unos 3 meses, dos futuras mamás y un futuro papá. Todos muy interesados en brindarle a sus hijos el contacto y seguridad que necesitan.
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Además, las dos madres traían sus propias bandoleras de anillas, (que todavía no habían podido utilizar) y, con una pequeña ayuda, enseguida consiguieron colocarse a sus pequeños, los cuales, ambos, se durmieron placidamente sobre el pecho de sus madres de forma inmediata al sentirse seguros en contacto con ellas.
El sólo ver esta imagen creo que lo dice todo, y no hay palabras para describir la sensación de bienestar, de ellos, y la mía propia.
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Muchas gracias a todos por participar.
Sol.

La importancia de la posición correcta al llevar a tu bebé.


¡LLEVAR A SU BEBÉ CARGADO ES NATURAL Y BENEFICIOSO!

Pero es importante respetar algunas reglas para colocar al bebé:

• Piernas en « ranita », levantadas, con las rodillas más altas que las nalgas y ligeramente separadas para el correcto desarrollo de la cadera.

• Espalda curvada para proteger la columna vertebral

• Vientre pegado al de la persona que lo porta y sujeción máxima del portabebés, para obtener la mayor superficie de contacto bebé porteador y conseguir el mejor sostén para ambos cuerpos.

Biológicamente, los humanos son primates portados:

Los bebés y los niños cargados por sus personas de confianza presentan generalmente un mejor desarrollo psicomotor que los niños que no lo son (“mejor” no quiere decir “más rápido”).

¡Cargarlos, eso les sienta bien!

Llevar cargado a su bebé significa atender sus necesidades principales: comunicarse con él constantemente, trasmitirle amor, protección afectiva, calor y contacto corporal estrecho, favoreciendo con ello el apego y el desarrollo del vínculo madre‐bebé.

Ir a la última moda no es garantía de confort óptimo



Cada año aparecen nuevas mochilas portabebés, más modernas, prácticas y confortables que las demás, según los fabricantes.

Pero en ese tipo de portabebés delanteros, así como en los fulares, un bebé cargado de cara al mundo parece más un gatito colgado por la piel del cuello, un objeto que colgamos en el perchero una vez llegados a casa o una tortuga boca arriba que se agita sin parar, que un bebé humano sereno en contacto con la persona que lo lleva.

Sin embargo, es perfectamente posible abrir al bebé al mundo exterior procurándole a la vez un contacto tranquilizador y constructivo con su porteador.

¿Por qué evitar llevar a su bebé cargado cara al mundo?



Dolores y problemas de estatura:

Es imposible asegurar un buen sostén de la columna (que en el mejor de los casos se «comprime » y en el peor se curva indebidamente); es imposible colocar al bebé en posición « ranita » para un desarrollo óptimo de la cadera.

Sobre‐estimulación:

Es imposible que el bebé se acurruque en el cuerpo de su porteador en caso de necesidad (miedo,

cansancio…), sin ninguna posibilidad de retirada, el bebé sufre los estímulos y puede desarrollar un comportamiento hiperactivo.

Estrés:

Sin contacto visual tranquilizador entre el bebé y la persona que le lleva, el bebé sufre tensión al no poder comunicar sus emociones y llora (llantos calificados como inexplicables, cólicos del lactante…).

Lesiones:

A caballo sobre la tela, todo el peso del bebé recae sobre sus genitales, lo que puede causar pinzamientos o entumecimientos de la zona.

Para el porteador:

Al inclinarse el bebé automáticamente hacia delante, esta posición ocasiona el arqueo de la

columna, tensión en los hombros y espalda y sobrecarga del periné en el cuerpo del porteador.

Cómo evitar llevar a su bebé cara al mundo?



Desde muy temprano (a veces desde los 2 meses), la mayoría de los bebés quieren girarse hacia el mundo exterior.



Entonces, ¿cuáles son las alternativas al porteo de los bebés de cara al mundo, que satisfagan la curiosidad del bebé respetando a la vez sus necesidades de confort físico y

psicológico?

Un portabebés adaptado al confort físico del bebé (fular portabebés, bandolera de anillas o portabebés tipo asiático o mei‐tai) permite llevar desde bien temprano al bebé sobre la cadera o en la espalda.

Bibliografía

Porter bébé, de Claude‐Suzanne; Peau à peau, technique et pratique du portage, d’Ingrid Van

Den Peereboom; Ein Baby wi l l getragen sein, d’Evelin Kir k i l ionis; Hüftdysplasie: Sinnvolle

Hilfen für Babyhüften, d’Ewald Fettweis


Para saber más

http://www.bebenaturel.info

http://www.porte‐bonheur .fr

http://www.stillen‐und‐tragen.de

http://www.okemakus.com

http://www.mowgli.es

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La importancia de la posición correcta del bebé. / Taller de Portabebés.

La importancia de la posición correcta del bebé

Cuando nace el bebé, muchas veces su cadera aún está “inmadura”. No es algo preocupante, si no muy natural. Por suerte hay muchas cosas que podemos hacer para estabilizar e incluso corregir la cadera, en casos leves de displasia (articulación de la cadera demasiado “plana”, la cabeza del fémur no encaja bien).

El bebé sano tiene un bloqueo de estiramiento de pierna. En esta fase de desarrollo temprano su cuerpo es tan sabio como para instintivamente evitar lo que le puede causar daño: estirar las piernas y la columna. Debemos respetar su forma natural y no estirarlo más de la cuenta, como sucede cuando lo tumbamos boca abajo, o llevándolo en mochilas convencionales que no le permiten al bebé mantener las piernas dobladas.
Durante el embarazo el feto tiene las piernas dobladas en un ángulo de más de 90 º. ¡Esta posición es altamente beneficiosa para el desarrollo de la cadera! El estiramiento de las piernas tiene que suceder paulatinamente, conforme con el desarrollo físico del bebé y completarse cuando el niño se pone de pie sólo. Si se fuerza este estiramiento antes, podemos provocar que la cabeza del fémur empuje hacía arriba hasta llegar, en casos más extremos, a la luxación de cadera o a molestias dolorosas (artrosis) en la edad adulta. Las articulaciones del bebé son todavía cartilaginosas, o sea se puede incidir positivamente o negativamente sobre ellos.
La posición idónea del bebé para estabilizar la cadera es la siguiente: La cadera y la rodilla doblada de más de 90º, y las piernas abiertas entre 90º y 140º y la espalda redondeada (posición fetal) bien apoyada. En un foulard porta-bebé el niño se encuentra en la posición descrita.
Extraído de un artículo de la revista “Eltern”, Alemania, 11/2001 asesorado por Dr. Fritz Uwe Niethard, Clínica Universitaria de Ortopedia, Aachen
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Los fulares portabebés son óptimos para el confort del bebé y su porteador, puesto que se adaptan perfectamente a ambos cuerpos; a diferencia de la mayoría de sistemas de porteo prefabricados, con bucles y piezas duras, que rápidamente se hacen inconfortables y jamás duran toda la primera infancia, lo que no es el caso del fular.
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En la mayoría de dispositivos de porteo, el bebé raramente puede adoptar la posición ranita correcta que es tan importante para su espalda (con las piernas elevadas al menos 90º, con una separación lateral de 45º), la mayoría de los bebés están -en el mejor de los casos- sentados o -en el peor- colgados de sus genitales, su espalda no está bien sujeta -no puede curvarse-, se hunde y puede dañarse.
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No es raro ver a los bebés de cara al mundo, mientras su espalda no está sujeta en esta posición y que sufre constantes golpes a cada paso del porteador. A esta mala posición se añade la sobreestimulación permanente, a la que el bebé está expuesto sin posibilidad de refugio.
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El porteo en fular favorece y acompaña el buen desarrollo de la columna vertebral y previene eficazmente la displasia de cadera, en lugar de perturbar el crecimiento ideal de la columna y las cadera por posiciones y solicitaciones no adaptadas a su desarrollo fisiológico, como ocurre cuando el bebé está sentado o acostado con la espalda recta.
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Extraído y traducido de un texto de Nicole Rudolph, consejera y formadora ClauWi.
Texto original en: http://www.afpb.fr/respect.htm
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Mañana, día 23, la Asociación Ítaca, por una crianza y educación respetuosas, llevará a cabo un taller de portabebés en la Residencia de Castro Urdiales.

La entrada es libre y gratuita.

¡Os esperamos!.

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La importancia de la fase en brazos

Durante los dos años y medio en los que estuve viviendo con los indios de la edad de piedra en la jungla de Sudamérica (no todos seguidos, sino en cinco expediciones separadas con mucho tiempo entre ellas para reflexionar), pude darme cuenta de que la naturaleza humana no es lo que se nos ha hecho creer que somos. Los bebés de la tribu de los Yecuana, más que necesitar paz y sosiego para dormir, dormitaban embelesadamente cuando se sentían cansados, mientras que los hombres, mujeres o niños que los acarreaban, bailaban, corrían, andaban, gritaban o impulsaban las canoas. Los niños jugaban juntos sin pelearse o discutir, y obedecían a los mayores instantánea y diligentemente.

La idea de castigar a un niño aparentemente nunca se les ocurrió a esa gente, ni su comportamiento mostró nada que pudiera llamarse verdaderamente permisividad. Ningún niño habría soñado en interrumpir, incomodar o ser mimado por un adulto. Y, sobre los cuatro años, los niños contribuían más en las tareas de la familia que lo que precisaban de ella.

Los bebés en brazos casi nunca lloraban y, de una manera fascinante, no movían sus brazos, protestaban, arqueaban su espalda ni flexionaban sus brazos o piernas. Se sentaban tranquilamente en sus bandoleras o dormían en la cadera de alguien, desmintiendo el mito que los niños deben “hacer ejercicio”. Además, nunca sufrían de vómitos, excepto si estaban muy enfermos, y no tenían cólicos. Cuando se asustaban durante los primeros meses de gatear o andar, no esperaban que nadie fuera hacia ellos, sino que iban por sí mismos hacia su madre u otros cuidadores para confirmar la necesidad de sentirse seguros antes de continuar sus exploraciones. Sin supervisión, incluso los más chiquitines casi nunca se hirieron.

¿Es su “naturaleza humana” distinta a la nuestra? Algunos piensan que así es, pero, por supuesto, sólo hay una especie humana. ¿Qué podemos aprender nosotros de la tribu de los Yequana?

Nuestras Expectativas Innatas

Inicialmente, podemos intentar comprender completamente el poder de formación de lo que yo llamo la fase de “en brazos”. Empieza en el nacimiento y acaba con el inicio del arrastre, cuando el bebé puede alejarse de su cuidador y volver a voluntad. Esta fase consiste, simplemente, en que el bebé tenga contacto físico durante las 24 horas del día con un adulto u otro niño mayor.

Al principio, meramente observé que la experiencia de ir en brazos tenía un impresionante efecto saludable en los bebés y que no había ningún “problema” que arreglar. Sus cuerpos eran suaves y se adaptaban a cualquier posición que fuera adecuada para sus porteadores; incluso algunos de ellos se colgaban en la espalda mientras los agarraban por la muñeca. No pretendo recomendar esta posición, pero el hecho de que es posible demuestra la extensión de lo que constituye el confort para un bebé. En contraste a este ejemplo, tenemos el desesperado desconfort de los niños acostados cuidadosamente en un moisés o cochecito, suavemente arropados, y dejados ir, rígidos, con el deseo de asirse a un cuerpo vivo que, por naturaleza, es el lugar correcto. Es el cuerpo de alguien que “creerá” en sus lloros y consolará sus ansias con brazos amorosos.

¿Por qué la incompetencia en nuestra sociedad? Desde la infancia, se nos enseña en no confiar en nuestro instinto. Se nos dice que los padres y los profesores saben más y que cuando nuestras sensaciones no coinciden con sus ideas. Nosotros debemos estar equivocados. Condicionados para no confiar o amargamente ignorar nuestros propios sentimientos, resulta fácil convencernos para no creer en el bebé que llora diciendo: “¡Deberías tomarme en brazos!” “¡Yo tendría que estar cerca de tu cuerpo!” “¡No me dejes!” En su lugar, denegamos nuestra respuesta natural y seguimos la moda instaurada, dictada por los “expertos” en cuidados infantiles. La pérdida de confianza en nuestra experiencia innata nos deja leyendo un libro detrás de otro viendo como cada nueva idea falla.

Es importante entender quiénes son los expertos en realidad. El segundo mayor experto en cuidado infantil que existe está dentro nuestro, tan seguro como que reside en cada especie superviviente que, por definición, debe saber cuidar a su prole. El mayor experto de todos es, por supuesto, el bebé, programado durante millones de años de evolución para mostrar su propio temperamento mediante sonidos y acciones cuando el cuidado no es correcto. La evolución es un proceso de refinamiento que ha afinado nuestro comportamiento innato con magnífica precisión.

La señal del bebé, la comprensión de esta señal por la gente que lo rodea, el impulso a obedecerla, son todo partes del carácter de nuestra especie.

El presuntuoso intelecto ha mostrado estar pobremente equipado para adivinar los auténticos requerimientos de los bebés humanos. La pregunta a menudo es: ¿Debería tomar al bebé cuando llora? ¿O debería dejarle llorar durante un rato? ¿O debería dejarle llorar para que así el niño sepa quien es el jefe y no se convierta en un “tirano”?

Ningún bebé estará de acuerdo con ninguna de estas imposiciones. Unánimemente, nos dejan bien claro que no deben ser dejados para nada. Como esta opción no ha sido ampliamente defendida en la civilización occidental contemporánea, las relaciones entre padres e hijos han permanecido firmemente como si fueran adversarios. El juego se ha centrado en conseguir que el bebé duerma en la cuna, pero no se ha considerado la oposición sobre los lloros del bebé. A pesar de que Tine Thevenin, en su libro The Family Bed (La cama familiar), y otros han abierto el tema de que los niños duerman con sus padres, el principio más importante no se ha tratado claramente: comportarse contra nuestra naturaleza como especies conduce inevitablemente a la pérdida de bienestar.

Una vez hemos comprendido y aceptado el principio de respetar nuestras expectativas innatas, seremos entonces capaces de descubrir precisamente cuáles son; en otras palabras, qué es lo que la evolución nos ha acostumbrado a experimentar.

El Papel Formativo de la Fase de en Brazos

¿Cómo llegué a ver en la fase de ir en brazos aquella etapa crucial para el desarrollo de una persona? Primero, vi la gente feliz y relajada en la jungla de Sudamérica, cargando siempre a sus bebés sin dejarlos nunca. Poco a poco, fui capaz de ver una conexión entre ese hecho tan sencillo y la calidad de sus vidas. Incluso, más tarde, llegué a ciertas conclusiones sobre cómo y por qué el estar en contacto constante con un cuidador activo es esencial en el estadio inicial del desarrollo tras el nacimiento.

Por un lado, parece que la persona que carga el bebé (normalmente la madre durante los primeros meses, y luego un niño de cuatro a doce años que devuelve el bebé a la madre para alimentarlo) está formando los cimientos para las experiencias posteriores. El bebé participa pasivamente en las carreras, paseos, risas, charlas, tareas y juegos del porteador. Las actividades particulares, el ritmo, las inflexiones del lenguaje, la variedad de vistas, noche y día, el rango de temperaturas, sequedad y humedad, y los sonidos de la vida en comunidad forman una base para la participación activa que empezará a los seis u ocho meses de vida con el arrastre, gateo y luego andar. Un bebé que ha pasado ese tiempo tumbado en una tranquila cuna o mirando el interior de una sillita, o al cielo, habrá perdido la mayor parte de esta experiencia tan esencial.

Debido a la necesidad del niño de participar, es también muy importante que los cuidadores no se queden sentados mirando al bebé ni que continuamente le pregunten lo que quiere, sino que lleven vidas activas ellos mismos. Ocasionalmente, uno no puede resistir darle al bebé un chorro de besos, pero, de todos modos, un bebé que está programado para observar la ajetreada vida que llevas se confunde y frustra cuando dedicas tu tiempo mirando como él vive la suya. Un bebé dedicado a absorber lo que es la vida, siendo vivida por ti, se sumerge en la confusión si le preguntas que sea él quien la dirija.

La segunda función esencial de la experiencia de la fase en brazos parece no haber sido percibida por nadie (incluyéndome a mí, hasta mediados de la década de los 1960). Se refiere a proveer a los bebés de un mecanismo de descarga de su exceso de energía hasta que no son capaces de hacerlo por sí mismos. En los meses anteriores a ser capaces de moverse por sí mismos, los bebés acumulan energía por la absorción de comida y de luz solar. Es entonces cuando el bebé necesita contacto constante con el campo de energía de una persona activa que pueda descargar el exceso no usado de ambos. Esto explica porque los bebés Yequana estaban tan extrañamente relajados y porque no se ponían rígidos, daban patadas o arqueaban la espalda para relajarse ante una incómoda acumulación de energía.

Para poder proveer una óptima experiencia de la fase en brazos tenemos que descargar nuestra propia energía de manera efectiva. Se puede calmar muy rápidamente a un bebé corriendo o saltando con él, o bailando o haciendo lo que sea para eliminar el exceso de energía propio. Una madre o padre que deben marchar de repente a buscar algo no necesitan decir “oye, toma el bebé que voy corriendo a la tienda”. El que tenga que correr que se lleve al bebé. ¡Cuanta más acción mejor!

Los bebés y los adultos experimentan tensiones cuando la circulación de energía en sus músculos está impedida. Un bebé repleto de energía no descargada está pidiendo acción: una carrera a galope alrededor del salón o un baile movido con el niño de la mano. El campo de energía del bebé se aprovechará inmediatamente del del adulto, descargándose. Los bebés no son las cositas frágiles que hemos tomado con guantes. De hecho, un bebé tratado como frágil en este estado de formación puede ser persuadido de que es frágil.

Como padres, podéis llegar a comprender fácilmente el flujo de energía de vuestro hijo. En el proceso, descubriréis muchas maneras de ayudar a vuestro bebé a mantener el suave tono muscular del bienestar ancestral, y de proporcionarle la calma y confort que necesita para sentirse como en casa en este mundo.

Jean Liedloff, autora de “El Concepto del Continuum”

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Beneficios emocionales de cargar en brazos a los bebés.

Afortunadamente, en los últimos años hay cada vez más padres a favor de una crianza más natural, volviendo a lo escencial, a cubrir necesidades básicas que por años el rítmo frenético de nuestra sociedad ha intentado que olvidemos.

El ser humano era nómada en sus inicios, y a los niños se los llevaba a todas partes.

Hoy, la mayoría vivimos en entornos urbanos, poco adecuados para las necesidades de las familias con niños pequeños, el tiempo de baja maternal es demasiado corto y la necesidad de volver al trabajo muchas veces impostergable.

Pero algo dentro nuestro nos oprime, no deja que nos separemos de nuestros bebés…

Instintivamente, el bebé vive la falta de movimiento como un “abandono”, y hará todo lo posible para evitarlo. Por eso, un bebé que es dejado sobre una superficie inerte a pesar de la presencia de su madre a escasos metros, llora desconsoladamente esperando volver a sus brazos, porque ese bebé tiene la misma programación genética que el bebé nómada.

Un bebé que se quedara solo en la selva seguramente moriría en cuestión de horas devorado por algún depredador. Los bebés vienen genéticamente preparados para sobrevivir, y, para ello, necesitan asegurarse un contacto continuo con su cuidador, que suele ser la madre.

A pesar de que hoy en día vivimos en casas, sin depredadores rondando, y por tanto nosotros consideremos la situación como “segura”, él no la percibe así en absoluto. Hasta los 9 meses aproximadamente (cada bebé es diferente), no entiende la ausencia de los cuidadores como temporal, para él, lo que está fuera de su campo de visión no existe.

Además, mientras más pequeño es, más “sensorial” es, y no le basta con ver a la madre, necesita sentirla, estar en contacto, olerla, y ser parte de su movimiento, en definitiva: saberse seguro en sus brazos.

Nos podemos imaginar la angustia que le puede causar la sensación de abandono… aunque “sólo sean 5 minutos”, él está sintiendo que está en peligro de muerte.

Por el contrario, cuando un bebé se encuentra en brazos de su madre se encuentra tranquilo, no tiene que preocuparse por seguir vivo, tiene la certeza de que su madre lo hará por él. Cuanto más relajado y seguro esté un bebé, más equilibrado estará emocionalmente.

Pero no sólo los bebés vienen preparados para estar en contacto con sus madres, nuestra anatomía está claramente adaptada para llevar a nuestros bebés encima. Si descendemos en la escala evolutiva, los monos y simios, nuestros parientes más cercanos en el reino animal, llevan a sus crías a todas partes, los bebés se agarran en el pelo de la madre.

La forma de la cadera y cintura de la mujer humana facilita el llevar al bebés, si observamos a un bebé cargado sobre la cadera de su madre, ésta parece un asiento para su pequeño. Asimismo, los pequeños ayudan con la posición de sus piernas, incluso bebés de menos de un mes doblan las piernas y separan las rodillas cuando los levantamos, en espera de “cabalgar” en la cadera.

Todavía existen muchos pueblos indígenas en el mundo (en Asia, América Latina y África) que llevan a sus niños todo el día encima, cuando trabajan en el campo, durante las labores domésticas o cuando comparten danzas y fiestas. Estos niños suelen llorar mucho menos que los bebés occidentales, se muestran relajados y se duermen placidamente en brazos cuando lo necesitan, sin un ambiente bajo en ruido o con poca luz, simplemente con la seguridad de estar cargados por sus cuidadores.
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Beneficios emocionales para los bebés

Para el bebé pequeño, sentir la proximidad de la madre es una necesidad tan básica como dormir o comer. El balanceo de su cuerpo y su olor le tranquilizan y hacen que se sienta seguro y querido. El estrecho contacto con sus padres le da confianza en sí mismo y despierta sus sentidos. Pero no sólo esto: en los bebés se puede observar que los beneficios emocionales y físicos están estrechamente ligados: Se han hecho estudios que demuestran que los bebés llevados en foulards porta-bebé o con método canguro (en los prematuros), aumentan más peso, comen y duermen mejor que los bebés criados con cochecito. En los estudios, todos los bebés prematuros que tuvieron contacto con sus padres por el método canguro (llevar el bebé contra la piel, dentro de la ropa o con un foulard porta-bebé) pudieron salir de la incubadora mucho antes que los bebés del grupo de control, y los bebés nacidos a término aumentaban mejor de peso, dormían mejor y crecían más.

Field, Tiffany M./Schanberg, Saul M./Scafidi, Frank/Bower, Charles R./Vega-Lahr, Nitza/García R./Nystrom, Jerome/Kuhn, Cynthia M.: “Tactile/kniesthetic stimulation effects on preterm neonates”, Pediatrics, 77, 1986, página 654-658 y Ackerman, Diane “The magic touch”, American Health 12(8)1993.

Los bebés con cólicos tienen la ventaja añadida que la posición frontal vientre contra vientre con su madre/padre beneficia enormemente su sistema digestivo todavía inmaduro, facilita el movimiento peristáltico y la expulsión de gases o eructos. Esto sí, ¡siempre y cuando respetemos la postura correcta del bebé!

Extraído de la revista “Viure en familia”

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